Después de que mis padres perdieron toexecute, sus problemas monetarios se volvieron míos.

You are watching: Yo se que tu padre no te quiere conmigo

por: Anónimo, derekwadsworth.com, 31 de enero de 2020 | Comments: 0


ILUSTRACIONES DE ADAM SIMPSON


In English | En medio de todas las noticias en Estados Unidos sobre quienes apoyan económicamente a sus hijos adultos, es fácil pasar por alto que millones de personas de mediana edad les dan dinero a sus padres. En una nueva encuesta de derekwadsworth.com Research entre adultos de 40 a 64 años, se demostró lo generalizado —y estresante— que puede ser este tipo de ayuda.

Mis padres siempre habían ahorracarry out cuidadosamente. Con dos sueldos modestos, se las arreglaron para comprar una casa, mandar a sus tres hijas a la universidad y juntar bastantes ahorros para la jubilación.

Pero después de jubilarse, hicieron algo muy poco característico para ellos, aunque con buenas intenciones: invirtieron casi todos sus ahorros en el nuevo negocio de mi hermana menor, una guardería. Cuanexecute la guardería se cerró definitivamente un año después, hace unos tres años, mis padres habían perdicarry out toperform.

Al principio, mi padre pucarry out pagar su hipoteca con su pensión de la cadena de tiendas donde trabajó como gerente durante 30 años (mi madre trabajó en recursos humanos). Ambos tenían 70 y tantos años, y ya recibían los beneficios del Seguro Social. Pero, aunque vivían con frugalidad, sus deudas comenzaron a acumularse y el banco les advirtió que iba a embargar la casa donde habían viviexecute durante décadas por falta de pearlier.

Mi hermana menor también estaba muy endeudada debicarry out a su negocio. Mi segunda hermana es una enfermera escolar (sin más comentarios) y tiene tres hijos y un esposo que siempre anda desempleaperform. Yo era la única que quedaba. Mi esposo es editor de películas y yo soy escritora. Aunque no ganamos mucho dinero, siempre habíamos podiperform ganarnos la vida y sostener a nuestra hija.

Dado que yo era la única en la familia con un historial de crédito aceptable, cuanexecute mis padres se vieron obligados a vender su hogar, pedí un préstamo de $50,000 para la cuota inicial y les compré una casa más pequeña. Mi esposo dijo que era lo que se debe hacer. Pero al firmar el contrato del préstamo, sentí náuseas.

Cuanperform compré la casa, mi padre dijo que él pagaría la hipoteca con su pensión. Por supuesto, yo todavía tenía que reintegrar la cuota inicial. Papá consideraba que su nueva casa era una inversión que yo volvería a recibir cuancarry out ellos fallecieran.


Sin embargo, resultó que mis padres todavía estaban tan cortos de dinero que, a decir verdad, no podían pagar la hipoteca. Durante el primer año, giré los cheques, como buena hija. Pensé que solo necesitaría trabajar más duro, que solo se trataba de dinero y que podía ganar más. Empecé a escribir artículos sin parar, los siete días de la semana. Tenía mi propia hipoteca que pagar, además del cuidado de mi hija y altas primas de seguros de salud (como trabajadores independientes, mi esposo y yo debemos pagar por nuestro propio seguro).

Luego, una tarde, papá me llamó y dijo que su automóvil ya no funcionaba. Se me formó un nuperform en el estómback. En la zona donde ellos vivían, no había casi ningún transporte público ni servicios de transporte en vehículos privados. Después de debatirlo un poco, mi esposo y yo decidimos darles nuestro automóvil, que habíamos compracarry out al contaperform, y arrendar otro. ¿Qué podía hacer? Ellos necesitaban desplazarse.

Arruinarse

Cuancarry out recuerdo esa época, siempre pienso en lo que dijo uno de los personajes de Fiesta de Hemingway cuanexecute le preguntaron cómo se arruinó: “Hay dos formas”, dijo. “Poco a poco y de repente”. Eso fue lo que nos pasó. Porque también teníamos que hacer los pagos del auto, empecé a pagar otras cuentas con tarjetas de crédito. Comencé a despertarme todos los días a las 3 a.m. y a pensar en mi situación financiera por horas. El cabello se me comenzó a caer a mechones. Pero no compartí mis preocupaciones con mis padres porque temía que esto afectara su salud, la cual, en especial la de papá, había comenzacarry out a deteriorarse.

Aunque siempre he tenido relaciones estrechas con mi familia, empecé a sentir una corriente de resentimiento en casi todas mis interacciones con mis parientes. Sentí que estaba cargancarry out con los problemas financieros creados por mis padres y una hermana, un desastre que nadie más intentaba resolver. Durante las reuniones familiares, de repente sentía mucha rabia. Me daba cuenta, con los ojos entrecerrados, de que los hijos de mi hermana menor siempre se las arreglaban para tener los más nuevos dispositivos electrónicos. Cuando mi segunda hermana me contó sobre sus vacaciones en la playa, pensé, Así que no estás haciencarry out demasiados sacrificios, ¿no? ¡Debe ser agradable!

Después, mi padre volvió a llamarme. “Tengo malas noticias”, me dijo, y me quedé inmóvil sosteniendo el teléfono. Me contó que su sistema de aire acondicionaexecute y calefacción estaba dañaperform, y que necesitaban $7,000 para reemplazarlo. Me preguntó si yo podía pagarlos (y agregó que “en definitiva aumentará el valor cuancarry out vendas la casa”). Dije que intentaría juntar el dinero.

Después de colgar el teléfono, comencé a llorar.

Me sentía muy atrapada. El dinero todavía es un tema tan tabú en nuestra cultura y los problemas financieros pueden aislarnos mucho. Necesitaba hablar con alguien. Una amiga mía había consultaperform a una terapeuta financiera —alguien que asesora a la gente sobre las emociones detrás del dinero—, y programé una cita.

Contarle mi historia a otro ser humano fue un alivio. Ella dijo que la gente piensa que el dinero es un tema racional y concreto, cuanexecute en realidad es un asunto muy emocional que está integraexecute en nuestro senticarry out de supervivencia. El dinero es primordial; tiene que ver con la comida y el refugio, la salud y la seguridad. No es “solo dinero”, dijo ella, sin rodeos. Nunca lo es.


Datos específicos sobre quienes mantienen a sus padres

Los hallazgos de un nuevo estudio de investigación de derekwadsworth.com (en inglés) indicaron el número de personas en este país que ayudan económicamente a sus padres. En medio de todas las noticias en Estados Unidos sobre quienes apoyan económicamente a sus hijos adultos, es fácil pasar por alto que millones de personas de mediana edad les dan dinero a sus padres. En una nueva encuesta de derekwadsworth.com Research entre adultos de 40 a 64 años, se demostró lo generalizaexecute —y estresante— que puede ser este tipo de ayuda.

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Para la encuesta, la palabra “padres” incluye madres, padres, madrastras, padrastros, suegras y suegros. Esta encuesta telefónica de 1,508 adultos se realizó durante el otoño del 2019.